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Gitanos

2010 / 04 / 13 - La Nueva España

Gitanos

Yo no creo en el pueblo gitano ni en el asturiano ni en ningún otro. Son conceptos románticos, propios del siglo XIX. Ahí nacieron el pueblo judío, el pueblo alemán, el pueblo vasco y el pueblo ingushetio (que aunque no te suene probablemente de nada es tan importante y tan ridículo como cualquiera de los otros). Por eso que la celebración del Día Internacional del Pueblo Gitano me suene igual que la del Día Nacional del Pueblo Gallego: una manera más de explotar el buen sentimiento de la gente. La palabra nación me mueve a risa. Ye normal, soi de pueblu y nel mio pueblu una nación ye un xatu recien nacíu.

Me matriculé en Córdoba en el 82. Mi compañero de clase y de pensión se llamaba Antonio Jiménez y era gitano, señorito y vasco, cantaba igual de mal que yo, no tenía ningún sentido del ritmo y se sorprendía de que a mi me gustaran las camisas de lunares. Yo no aprobé ni una sola asignatura y el las sacó todas con la gorra, saliendo de fiesta lo mismo que yo, pero seguramente aprovechando mejor el tiempo. Al final él volvió a Bilbao y yo a León, donde me tocó hacer lo que no había hecho en Córdoba.

Me encontré con gitanos en todas partes donde estuve, incluso en Jordania donde se habían refugiado huyendo de la caída de Sadam Hussein, el único presidente que habían tenido que les había concedido el derecho a ser ciudadanos. Los nuevos vencedores no respetaron aquel importante paso y ahora habían regresado a su vida nómada por la tierra de casi nadie que es el desierto. Idéntico destino que el de los gitanos de Sarajevo que ahora deambulan por media Europa después de no haber podido alegar que además de gitanos fueran bosnios, croatas o serbios.

Como esto es Asturies pensamos que la cosa está mejor. Decimos que no somos racistas, recibimos a todo el mundo con los brazos abiertos y nos sorprendemos simplemente que los gitanos quieran seguir siendo gitanos (nuestra forma eufemística de decir que nos sorprenden sus costumbres, sus condiciones de vida y de trabajo). Pero, no nos sorprende que nuestro sistema de enseñanza siga permitiendo escuelas que rigen por los mismos principios que los del apartheid sudafricano, escuelas gheto, escuelas segregadas en los que el principio universal de igualdad se rompe por su base: que la escuela debe ser un espejo de la diversidad de la población donde está. No estoy hablando de escuelas de ficción, lo estoy haciendo de Santuyano de Mieres, de Granda de Siero, de una escuela de Avilés que olvidé su nombre y, la más veterana en el tiempo, la de San Esteban de Pravia. Escuelas de gitanos, para enseñar a los gitanos las bondades de seguir siendo gitanos y a no tener ninguna posibilidad de futuro.




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