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Cuadro blanco sobre fondo blanco

2010 / 04 / 04 - El Comercio

Cuadro blanco sobre fondo blanco

La última obra de Yasmina Reza, Arte, más allá de la comedia de situación, no deja de ser de ser una burla despiada del mundo del arte. En cartelera en el Teatro Maravillas de Madrid. Tres actores en escena: Enrique San Francisco, Javier Martín y Vicente Romero. Dirección de Gabriel Olivares. Tres amigos que se conocen desde hace muchos años se reúnen en casa de uno de ellos con motivo de su última adquisición: un lienzo blanco. Su precio: 50:000 €. A partir de este arranque la comedia está servida. ¿Quién es capaz de pagar 50.000 € por un cuadro en blanco? ¿Qué puede argumentarse en defensa del arte moderno a partir de un lienzo absolutamente blanco?

Cambiamos este escenario por el del Teatro Real. Hace unos meses se estrenaba la ópera Lulú, de Alban Berg. Tras el primer acto la desvandada del público fue espectacular. Quedaban dos actos más. Pero todo aquel que fue a la ópera como parte de un ritual de apariencias escapó a la primera de cambio. Aquello no era Verdi ni Mozart. Ni tan siquiera algo en apariencia más moderno, como Wagner.

El crítico musical Felipe Santos defendía hace escasa fechas en Nueva Revista el valor de una obra de estas características frente a la falta de preparación de una buena parte del público. La obra Lulú transcurre sobre el fondo de la crisis económica de primeros de siglo y el público habitual del Real, según su comentario, era incapaz de encontrar un nexo de unión entre lo que ocurría en el esncenario y la situación del presente. No encontró, es cierto, ningún punto positivo para permanecer más actos en la representación, ni en la historia ni siquiera en la música.

Este continuo desajuste entre las propuestas musicales más modernas o vanguardistas y el público se da continuamente. No es, no obstante, algo de hoy en día. Una representación que fue en su estreno un absoluto fracaso, puede acabar siendo con el paso del tiempo una obra de referencia. Le pasó a Stravinski con el estreno de La Consagración de la Primavera. Nadie lo diría en el presente. Un libro recientemente editado por Seix Barral nos ayuda en este recorrido por el universo sonoro contemporáneo: El ruido eterno: escuchar al siglo XX a través de su música, de Alex Ross. Apenas cien años de historia de la música. Parte del estreno de la Sinfonía de Cámara nº 1, de Arnorld Schoenberg. Este ruido eterno que marcará el siglo XX surge, según su opinión, el 16 de mayo de 1906.

Dentro de un par de sábados el Teatro Filarmónica de Uviéu acogerá una muestra moderna de lírica asturiana. Jóvenes compositores interpretados por jóvenes voces. No se trata, por más que pudiera parecerlo, de un repertorio difícil. Pero el hábito ha hecho costumbre: los lieder que compuso a primeros del siglo XX Baldomero Fernández continúan siendo tan impresionantes que resultan difíciles de desbancar de la memoria colectiva del aficionado asturiano. Con todo, es un programa por el que merece la pena arriesgarse.

El problema es encontrar el fiel de la balanza. Esa delgada línea roja que da la sensación existe entre la vanguardia y la tomadura de pena. Ese cuadro blanco sobre fondo blanco que alguien quiere hacernos tragar por 50.000 €. Por eso, bienvenido sea un trabajo como este de Alex Ross que nos acerca a un mundo de sonoridades difíciles que conformaron el siglo XX y sin el que nos va a resultar complicado entender el siglo XXI.

Un ejemplo: posiblemente el coro El León de Oro sea en la actualidad uno de los mejores coros de Europa. No lo entenderíamos así si sólo admiráramos nuestra música coral a partir de las obras de Sergio Domingo. Existe un tiempo y un lugar para cada cosa. También para Alban Berg.




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