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Serondaya

2008 / 10 / 30 - La Nueva España

Serondaya

No llegué para el pregón de Juan Gona el sábado, pero sí para la sidra dulce y el corderu a la estaca del domingo. No sé cuántos corderos, pero dieron para más de doscientas raciones. El sol acompañó en una de las mejores tardes de seronda que se recuerdan. Después, jotas, pasodobles y cumbias con un acordeonista de los de siempre. Una fiesta grande. Hecha por gente que se agranda de año en año. En Cenera. Si te lo perdiste este año, apúntatelo en el calendario para el próximo. Es el fruto de mucho trabajo desinteresado. Por eso presta ir a echar una mano. Aunque solo sea para comer y beber.

La tertulia al sol después de comer corderu da para mucho. Entre ello para congratularse de que un compañero de trabajo, Raúl Moro, tenga que ser indennizado con más de seis mil euros. Otra metedura de pata del secretario general del PP local. Segundo juicio que pierden. Y la cosa suma y sigue. A nadie extraña que Clara haya dimitido. Le llueven las felicitaciones. Se huele otra dimisión. Al tiempo.

La política municipal, como siempre, es fuente de cabreos. Ni te cuento la gracia que hace la subida anunciada del 12,6% en el IBI. Y el resto de tasas un 5%. Como también fuente de cachondeos. Los que se corresponden a la propuesta de que los trabajadores muncipales no fumadores descansen un día al mes. O sea, doce días al año. Es genial. Yo que no fumo, entre los moscosos y esto, no me verían el pelo hasta Navidad. En fin: ¿de quién era la propuesta? Respuesta: del mismo que le tiene que pagar las vacaciones en la playa de Copacabana a Raúl Moro. Ver para creer.

La Serondaya me sirvió para quitarme el stress de los Premios. La capital es por semana como Mieres el domingo por la mañana. No hay donde aparcar. Se ponen ciegos a multas. Con los Premios hacen el agosto. Todo está prohibido. Hay tantos secretas camuflados, policías de paisano y de uniforme, y guardaespaldas, como vecinos. Todos vieron Men in Black y van de eso. Con pinganillo. El resto de ropa sin más comentarios. Se lleva el azul y el negro. Y juntos. Así iba una ministra muy elegante, una alcaldesa por lo menos, varias señoras muy puestas, un moderno de pelos tiesos, casi todos los gaiteros y Manolín el Gitano, que no pierde ocasión. El mejor, Robert Langer, Premio de Investigación, que una hora antes de lo del Campoamor bajaba en chandal haciendo footing por Gil de Jaz. El guardaespaldas que lo seguía, de traje y pinganillo. Vaya sudada.




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