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Bandos

2008 / 09 / 17 - La Nueva España

Bandos

Decir a uno de Candás que les marañueles son de Lluanco es tener ganas de armarla. Es su punto flaco nacionalista. Entre Candás de Lluanco hay mucho más que cinco kilómetros de carretera. Candás aparece en la edición de LA NUEVA ESPAÑA de Xixón. Lluanco lo cubre la de Avilés. Les marañueles son un ejemplo de las cosas sobre las que nunca se podrá llegar a un acuerdo. Yo, que como de todo, a unos les digo que son mejores las otras. Pero desayuno las de Avendaño, que me quedan al lado de casa según voy a Helios a por el primer helado del día. No es un asunto de principios sino de costumbres. Esta guerra pequeñina se reproduce en toda Asturies. Ni te cuento entre Turón y Mieres. Turón celebra el Cristo estos días porque Mieres celebra San Xuan, después de haber traicionado a la virgen del Carmen. Igual que Noreña es un concejo dentro de Siero, Turón a los efectos es lo mismo dentro de Mieres. El pregón de José Luis Varela me sorprendió. Fue optimista. Algo insólito en estos días y en esta pequeña república. Habló bien de todo el mundo. Hasta del Ayuntamiento. Yo de mayor quiero ser como él. Al bajar de Turón, en raya continua a la altura de minas Figareo, me adelanta como siempre un coche amarillo tuneao. Debe de ser el mismo que el otro día me adelantó en el túnel de Candás para llegar a Lluanco. O que a todos los tarados mentales con carnet les gusta el mismo modelo de coche. Y el mismo tipo de música chunda-chunda. Y las ventanillas bajadas para atronicar a todo hijo de madre. Para que todo el mundo se dé cuenta que está pasando un gilipollas. Como si no fuera suficiente evidencia verle la cara. Mieres casco tiene otra guerra pequeñina en Santa Marina. Los de urbanismo creyeron que suprimiendo la frontera desaparecería el conflicto. La frontera era La Canal. Pero la conciencia de clase de ser de Santa Marina sigue reflejándose en el fútbol. El Caudal cumple la función del Sevilla. Más señorito. El Santa Marina, del Betis. Más proletario. La lucha de clases continúa. Yo, claro, siempre fui del Betis. Como el tiempo está resultando regular, la comida de fin de vacaciones la celebramos en el Caburniu. Un pueblo de frontera. Pagan una mitad a Llangréu y la otra a Mieres. Es un poco tierra de nadie. El arroz excelente. La sidra espléndida. La siesta al sol. Por no echar protección, quemé la espalda. Eso me pasa por ponerme panza abajo. Normal, después de todo un verano panza arriba.




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